El águila en su vuelo hacia la altura,
cruzado ha los umbrales entre estrellas.
Su encuesta el Alto Trono poderoso,
y el oro en su plumaje cabrillea.
¿De dónde había llegado? ¿Acaso estuvo
sufriendo las cadenas de un monarca?
¿Gritando se abrazó a la primavera,
cual príncipe al encuentro de su amada?
¿Acaso, en la guarida de algún mago
miró por la ventana, enamorada
del cielo y de la altura? ¿Así inflamado,
tornóse el corazón en sol al punto?
¿Mas qué importancia tiene? Descubría
la inmensa perfección, azul, jugando.
Tres días sin parar voló, muriendo
a manos de su dicha, sin aliento.
Mas no cayó a la tierra, la elevaban
las fuerzas orbitales, los planetas.
Venció a la gravedad así terrena.
y en vano el hondo abismo boqueaba.
Los haces de la luz de Dios más fría,
negaron pudrición a sus entrañas
y el águila en su vuelo, peregrina,
rozó los muertos ojos de una estrella;
Los mundos se quebraron uno a uno;
de arcángeles sonaron mil trompetas,
más no se abrió su tumba, ni hubo juegos,
y el águila volaba entre centellas.
Traducido por Luis Gomez de Aranda, Elena Kúrchenko